Yo hice llorar a sus madres
Stalin y la destruccion de Rusia
(Author) Gonzalo San Roman¿Otro libro sobre el comunismo?Tras la desaparición de la URSS muchas biografías y ensayos se publicaron para explicar la evolución de un país europeo, el segundo tras la Alemania nazi, que se esfumaba del escenario histórico dejando aparentemente poco o nada tras de sí.El comunismo había sido un fracaso que conllevó la muerte de cien millones de personas, según los estudiosos que participaron en la elaboración del monumental ensayo "El libro negro del comunismo", y parecía una ideología por entero acabada para las generaciones del futuro. El ensayista estadounidense Francis Fukuyama estableció en uno de sus trabajos el llamado "fin de la historia", fecha en la que las alternativas a las sociedades abiertas y democráticas habían quedado tan desacreditadas que la humanidad no tendría opción de volver a perderse por esos laberintos insomnes. Sin embargo, y como ya denunciara en algunas de sus últimas obras el gran pensador francés Jean François Revel, el comunismo ha logrado pervivir en determinados movimientos que toman la teoría y la práctica leninista como modo de acción. Sin utilizar su nombre, cuyo descrédito les perjudicaría, pretenden resucitar su génesis y convertirla en una suerte de venganza por las sucesivas derrotas sufridas a lo largo y ancho del globo. Las crisis económicas, los cambios constantes en la sociedad, las corruptelas políticas y la lejanía de los jóvenes de las democracias liberales, le pueden otorgar a ese remedo una nueva oportunidad. Será una oportunidad de la que, a buen seguro, pueda extraerse bien poco bueno. Si el experimento protagonizado por Lenin y su partido hace ahora poco más de un siglo era una opción que el hombre parecía obligado a intentar, la igualdad de todos los seres y la construcción de un nuevo hombre por un Estado justo llevaba barruntado la cabeza de los pensadores desde la Grecia clásica, su fracaso hace de los comunistas actuales herederos de una pasión nihilista que cifra en la destrucción de las sociedades liberales toda su apuesta. Buena parte de la victoria leninista se debió a la ceguera de los políticos de su tiempo para comprender sus estrategias y ponerles coto a éstas. Como buena parte de los zelotes que lo acompañaron en su aventura, Lenin desconfiaba del pueblo lo bastante como para creer que si alcanzaba unas pocas migajas traicionaría la revolución con la que él soñaba. Por eso ideó una categoría histórica que no tuviera tentaciones derrotistas y le dedicó a ella todos sus esfuerzos intelectuales y de acción: la vanguardia del proletariado, en forma de partido político, que programó y ejecutó bajo sus órdenes la rebelión contra el Gobierno Provisional.El caso de Stalin no era ciertamente muy distinto, al menos en lo esencial. Sólo que, sin los poderes especulativos ni dialécticos de su maestro, acomplejado por sus orígenes georgianos y adoleciendo de falta de fe en la revolución mundial, Stalin no tardó en convertirse en un nacionalista ruso que pretendía la mayor grandeza para Rusia, aunque ésta se hallara construida sobre la espalda llagada de los obreros y los campesinos. Que logrará triunfar a su manera en lo que tanto se le resistió a su predecesor demuestra que el hombre despreciado por algunos de sus camaradas tenía más talentos secretos de lo que parecía.El comunismo subsiste hoy en diversos movimientos que toman de esas enseñanzas sus opciones. Éstos pueden parecer insignificantes, pero no lo son mucho más que cuando aquel hijo de una familia burguesa se sintió llamado a producir uno de los grandes cataclismos de la historia. Tras él, vendría aquel monstruo que llevaría a la tumba a veinte millones de sus semejantes. Tanto uno como otro lo hicieron confiando en que construían un nuevo mundo que mereciera la dignidad del hombre. Y, quizá, ambos podían argüir en su defensa que no tenían medios de conocer el tamaño de su fracaso, puesto que nadie antes de ellos había tomado se